En tus clases, los movimientos eran lentos, conscientes, respetuosos con el cuerpo y siempre tratando de ir un poco más allá desde el cariño hacia nosotros mismos, mimándonos. En las respiraciones, las meditaciones, en las correcciones en toda la clase se notaba que ponías todo para que fuese una clase única y diferente. Se nota que te encanta lo que enseñas y lo haces con pasión, no una pasión eufórica, sino desde una persona que aprendió, que interiorizo esos conocimientos hasta hacerlos suyos y poderlos transmitir de forma simple pero detallada de forma humilde, sin arrogancias ni egos.
Las clases se me pasaban de forma muy rápida y al terminar, la sensación de mi cuerpo y de mi estado de ánimo eran muy buenas, notaba mi cuerpo y mi mente en un estado de energía y calma indescriptibles.
